"Lo que pretendo es que llegue el día en que haya grabado todo lo que he compuesto, pero no creo que eso suceda"
(Dave Bribeck 2002)
Cuando en 1959 entró en el estudio, con un puñado de canciones ahrto peculiares bajo el brazo, lo último que esperaba Dave Brubeck era un hit. El pianista de gafas ya se había forjado una importante cohorte de fans gracias a sus primeros conciertos en los campus universitarios. Siempre le gustó experimentar y nunca dejó que su popularidad le apartara de las musas. Y terminó grabando uno de los discos más populares de jazz con material que, cuanto menos, no seguía las pautas del género.
En la contraproducente lógica de este género el ya de por sí vilipendiado Brubeck vio como su reputación se hundía todavía más después del éxito vilipendiado Tiem out. Pero el disco, que engendró al menso cuatro spinoffs de Brubeck, todavía vende y , a pesar del uso abusivo que se ha hecho de él en anuncios y películas sigue siendo una obra cautivadora.
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